Ya están aquí, los rockeros muertos

México • Hay que suponer que la muerte uno también la puede elegir. Si así fuera, muchos quisiéramos que ésta fuera espectacular. No es lo mismo que te encuentre el forense tirado en el piso del baño por una sobredosis y el rastro de un corpiño de alguna prostituta, a que te mueras y tu cadáver nunca sea encontrado. Que tu muerte siga siendo un mito, que se hable de ella por muchos años, que sigan sin encontrar tu cuerpo, que se pregunten por qué no dejaste una nota de suicidio. Que tu muerte sea un motivo de dudas y cuestionamientos.

El mundo de la música y la literatura (y el arte en general) se rodea de ese halo de extrañeza y dudas cuando alguien muere bajo circunstancias “no normales”. Solo pienso en lo aburrido que sería tener una muerte de la cual nadie hablara y nadie preguntara qué pasó o quién me pasó.

1969 – Brian Jones (Rolling Stones) En la parte de tierra donde los restos de Jones descansan, un fanático dejó un mensaje donde le prometía que él buscaría la verdad de su muerte. Es cierto, Jones fue encontrado “ahogado” en la piscina de su casa donde hasta el día de hoy se sigue sin saber si fue homicidio o suicidio. Las teorías parecen más un juego de Clue o pelea de vecindad que una certeza.

Que si solo había tres personas, que no, que fue el constructor, que no, que eran más. Jones era asmático y consumía drogas como las Black Bombers, pero quedó descartada a la hora de la autopsia. Su muerte fue “caso cerrado” con un simple “ahogamiento por accidente” y todos los testigos que declararon estaban bajo la influencia de las drogas y el alcohol. Nunca más les pidieron rectificar sus declaraciones. El sospechoso principal fue el constructor Frank Thorogood, el cual nunca fue detenido. Una muerte parecida fue la de Jeff Buckley, que nadaba en un río cuando, sin más, desapareció y su cadáver fue encontrado seis días después sin aparentes rastros de drogas. La única persona que estuvo con él fue su mánager, quien afirmara que por un segundo volteó y no lo vio más.

Qué ganas de irte de este mundo mientras estás en calzoncillos, dijo la muerte.

1984 – Marvin Gaye. Sin saberlo ni planearlo, su muerte fue bastante sencilla (por llamarla de alguna manera poco ortodoxa). No hay drogas, situaciones extrañas ni nada parecido. Nada más parecido al amor de tus padres cuando te dan vida, al de ellos mismos cuando te la puedan quitar. Gaye murió a manos de su padre después de intervenir en una pelea entre él y su madre. La pistola con la que fue mandado a la otra dimensión sería la misma que le regalara a su padre unos años atrás. Uno más fue Dimebag Darrel, guitarrista de Pantera, quien fue asesinado por un fan desquiciado arriba del escenario. Antes de terminar la primera canción, el maniaco subió y a quemarropa disparó frente a miles de personas. Qué ganas de irte de este mundo por un disparo lleno de amor, dijo la muerte.

1977 – Michael Hutchence (INXS) así de peligroso y salvaje como era no se suicidó. O al menos eso es lo que Paula Yates (su viuda) defendió a muerte (valga la redundancia) cuando las teorías de su extraña partida de este mundo empezaron a circular. Se le encontró desnudo, ahorcado y colgado con un cinturón en la perilla de la puerta en una habitación de hotel. La autopsia dio positivo en Prozac. Rumores de prácticas sexuales poco convencionales, como el sadomasoquismo y asfixiofilia, llevaron a la muerte a Hutchence. De esta misma manera David Carradine fue encontrado muerto. Qué ganas de irte de este mundo sintiendo placer, dijo la muerte.

2009 – Charlie Cooper (Telefon Tel Aviv) dejó como nota suicida su último disco “Immolate Yourself”, que castellanizado significa algo así como “sacrifícate a ti mismo”. Tanto su compañero de banda como la prensa nunca confirmaron que así fuera. Tomemos la suposición y la leyenda, que es más bonita que la realidad. Las canciones de ese disco y una última entrevista que ofreció daban pistas de que el tipo no andaba bien de las emociones: “En este disco quisimos adornar nuestras más depresivas y suicidas letras con ritmos más rápidos. Los momentos catastróficos los tratamos de seducir para convertirlos en inspiración”. Dos días después de que el disco salió a la venta, Charlie se suicidó. Muy parecida la muerte de Ian Curtis (vocalista de Joy Divison), que a una semana de empezar su gira por EU se suicida escuchando el disco “The Idiot”, de Iggy Pop. Qué ganas de irte de este mundo cantando, dijo la muerte.

Sobredosis, depresión, locura, accidentes en carretera son el común denominador en el mundo del arte. Pocas veces nos encontramos con muertes tan difíciles de entender porque no llevan una circunstancia lógica y comprensible. Algunos no querían morir y sin embargo lo hicieron bajo las maneras más absurdas.

“Muere el hombre, nace el mito” dicen cuando el arte pierde a uno de sus miembros. Todos se vuelven genios una vez que están del otro lado. Si suponemos que la muerte la podemos elegir, qué ganas de ser espectacular como ellos cuando me muera, no lo dice la muerte, lo digo yo.

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